Efecto Pigmalión

Hola, ¿qué tal?

Hoy os iba a escribir sobre el final del proyecto de los dragones pero ,antes de ponerme a escribir, se me ha cruzado un vídeo sobre el efecto Pigmalión.

A este efecto Pigmalión también se le llama el efecto de la profecía autocumplida y se refiere a la potencial influencia que la creencia que tiene una persona acerca de otra ejerce en el rendimiento de esta última.

Y esto me ha hecho reflexionar en todas las veces que nos decimos a nosotros mismos o a las ñajos lo malos que somos, lo inútiles que somos, lo feos que somos,….  Lo negativo nos sale con mucha facilidad. En cambio, lo positivo, nos cuesta más verbalizarlo.

Un ejemplo que he visto muy claro es que a mí, desde que recuerdo, siempre me decían que era una llorona. Y me lo decían como algo malo (o eso es lo que yo percibía). Así que asumí que llorar estaba mal y que era una debilidad. Lo cuál me llevó, ya de mayor, a ser una persona apática que no sentía mucho. Y todo porque soy más sensible y empática que el resto. Me resulta muy fácil ponerme el la piel de los demás y hacer míos sus sentimientos.

A lo que quiero llegar con todo esto es que si a mí, de pequeña, no me hubieran dicho tantas veces que soy una llorona despectivamente , yo no lo hubiera tomado como algo malo y a evitar y estoy convencida que mis relaciones con los demás hubieran sido diferentes.

Con esto no quiero echar la culpa a nadie. Sólo me ha hecho reflexionar y tomar más conciencia de cómo me hablo a mí misma y como hablo a los demás. Sobretodo a  mis alumnos. Porque con ellos paso muchas horas a lo largo del día ( de hecho, son a los que más veo durante el día). Y su personalidad es muy maleable a su edad. Así que procuro no ponerles etiquetas, debatir mucho con ellos y hacerles pensar para que tengan su propio criterio. Porque los ñajos son auténticas esponjas y absorben todo. Ya sea bueno o malo. Y la personalidad se forma en los seis primeros años de vida.

Y ya, para terminar, os dejo un cuento que ilustra muy bien esto de la profecía autocumplida. Que cada uno tome sus propias decisiones. Yo, de momento, voy a empezar por decirme cosas bonitas.

A García Márquez se atribuye el relato macondiano de una mujer que un día se levantó con una corazonada alucinante.

«Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

– No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobrealgo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

– Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

– ¿Y por qué es un tonto?

– Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasary lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

-Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.»

Y como dijo San Cripín, esta entrada llegó a su fin.